julio 26, 2016

De Espaldas al Cielo




Entiérrenme de cara al suelo,
Para llegar dando la cara al infierno.

Estoy hecho de cenizas y fuego,
Fue Dios quien bajó y me dio el beso.

Si dejas de recordar pierdes el juego,
Si no puedes abrazarme no es porque esté muerto.

Y aunque me quemen los dedos,
No puedo evitar que se termine esto.

Y aunque me sangren los dedos,
No puedo apagar las estrellas que encendiste en mi cielo.


In Nostalgic Mood. Art Print / T-shirt



mayo 07, 2016

Los que quedamos


Los que quedamos.

Éramos los que jugaban hasta la huida del sol sobre el concreto.
Hasta quedar sin voz y sin aliento.

El día de tu partida

Guardamos en el centro de cada estrella tus recuerdos, 
Para que su brillo dure más en el firmamento.

Ahora

Llevamos tus distancias de la mano a dar un paseo.
Cantamos cuando caminamos contra el viento.

Compartimos la tristeza de tu partida
Y esperamos tu abrazo de bienvenida.

Al otro lado de la orilla

foto: minutoya.com



febrero 18, 2016

Febrero 2016



Tengo al amor encerrado en los recuerdos,
de los paseos por la orilla del mar.

Llevo en mis brazos más despedidas que cualquiera,
y el sentimiento del peso de tu mano al caminar.

Tengo en las mejillas el frío del viento
que me trae el recuerdo de tu suavidad.

Llevo tatuada la culpa, en mi espalda labrada en piedra,
de lo que hice bien y lo que hice mal.

Y tengo en la memoria, como dije en su momento,
más abrazos de despedida de los que me gustaría contar.




foto tomada sin permiso de Adriana Moracci
http://adrianamoracci.blogspot.pe/p/serie-de-los-abrazos.html


enero 19, 2016

Enero 2016




Completa las canciones de mi guitarra,
escribe con tu corazón mis palabras,
abre mis ojos con tu aroma, a retama,
se aún mi razón para despertar en las mañanas.

Ríete de mi forma de caminar,
ciérrame los ojos y miénteme para volar,
quédate conmigo cuando el sol se va,
juzga de locura mi forma de amar.            (te)







(foto de Fernando Allen agregada sin permiso)

octubre 21, 2015

Recordando a Eliana

(Cuento de un recuerdo escrito sin permiso del recordador) en construccion


Hace unos días leí en un blog que uno no puede regresar a las personas como se regresa a los libros para retomar una lectura pendiente. Eso me hizo pensar en Eliana. No recuerdo bien cómo empezó mi historia con ella. Quiero decir que no recuerdo cómo nos hicimos amigos. Supongo que, aparte de asistir a la misma escuela fue porque vivíamos a dos casas de distancia.  y, a pesar de que nadie sepa donde este ahora, cada vez que alguien habla de The Kooks o de las diabéticas películas de Jessica Gardner, su recuerdo se asoma en segundo plano.

the kooks, vevo
Ella era un par de años mayor que yo pero lo que la nostalgia me trae de Eliana es su media cabellera cubierta por esa pañoleta floreada, su aroma a retama, la vez que me enseñó a fumar en los columpios del parque del barrio y la tensión de verla jugar básquet, y aterrarme con la alusinacion de que se desarmaría en cualquier momento. Recuerdo, también, una vez estar en su dormitorio escuchando Naive mientras se paraba de manos encima de su cama pensando que inventaba una postura nueva de yoga. Y, también, la absurda tarde en la que Ethan Hawke nos pareció el más estúpido del mundo en esa película en la que se reencuentra con una ex luego de algunos años.

A decir verdad, ahora que lo pienso se veían en cierto modo como los pajaritos del cuento de Alejandro Neyra encerrados en una jaula  de alambres con púas.

Por mi parte, después de los 11 años que uno pasa encerrado en esa jaula, gané una beca para estudiar en otro país. Antes de irme nos reunimos para celebrar el fin de una era, el cumple de Paco, mi despedida, la extorsión al profe de física para aprobar el curso y el campeonato de básquet. Después de algunos tragos y unos giros, Eliana y yo terminamos regresando a casa en el asiento trasero del auto de mi hermano cantando kisser de Step Rockets. Mientras el aire azotaba mi rostro ella tomó mi cara con una mano y me besó, luego dijo que me extrañaría.


No hablamos de lo que pasó, ni al día siguiente, ni el día después de ese, ni tampoco cuando todos me despedían en el aeropuerto. Tampoco me atreví a pensar en lo que habría ocurrido si yo me hubiese quedado, o si si hubiésemos hablado de de eso. No pensé en eso incluso en el momento que mi mamá besaba mi frente cuando regresé después de 6 años. Después de todo, creo que nunca se lo pregunté porque jamás podría llegar a entender su "te extraño" o su "te quiero". Aunque no le importó la manera en la que yo la extrañaría.